jueves, 30 de abril de 2015

Gracias...

Reparé en él por la cantidad de chapas que lucía. Como buena amante de ellas, era complicado apartar la vista de su espalda donde cubrían su pequeña mochila. Observé que estaban tan apretadas las unas a las otras que desde la distancia donde me encontraba, era imposible observarlas y prestarles atención como se merecían. Así que decidí acercarme. Aprovechando que era una hora de la tarde en que apenas había nadie en la librería, y que justo me tocaba ordenar una estantería cercana a su ubicación, decidí que era un momento adecuado, como podía haber sido otro cualquiera.

Desde mi nueva ventajosa situación ya pude apreciar con mayor precisión todos los detalles de aquellas pequeñas joyas. Contaba con una colección de múltiples colores y diferentes temáticas. Todas eran diferentes y en un principio no tenían ninguna relación entre ellas. Mi mirada pasó de su mochila a sus manos. Parecía dudar entre un volumen ilustrado de Kafka y una novela gráfica sobre el mismo autor.

Sonreí. Una persona con chapas en su mochila y sosteniendo entre las manos al formidable Kafka, era ya más que una buena señal en mi larga tarde aburrida para conocer a alguien interesante, que por algún motivo que no se puede llegar a explicar, sentí que terminaría aportándome cosas.

Me acerqué y entablamos conversación. Después de recomendaciones varias y de discernir sobre el ambiente kafkiano que habitaba en las novelas de El Golem de Gustav Meyrink y en el cuento ilustrado por la editorial Nórdica de Vila-Matas, me dijo que su nombre era Carlos. 

Carlos parecía transmitir demasiada serenidad para la edad que decía tener. Miraba directamente a los ojos sin darte una mínima tregua de descanso. Hablaba con seguridad, contándome pequeños detalles sin importancia sobre hechos cotidianos que parecían para él en cambio tener una prioridad absoluta por la manera de relatarlos, se notaba que se esforzaba para que yo los comprendiera y entendiera. Hablamos sobre la vida, sobre el futuro, sobre la responsabilidad que en cierta manera arrastramos de poder llegar a ser felices. Me contó el origen de su devoción por las chapas, y no dudó en descolgar una pequeñita de su macuto y ofrecérmela con una amable sonrisa. Yo a cambio sólo pude darle las gracias. Pareció bastarle.

Seguimos charlando entre mis quehaceres en la librería sobre muchos diversos temas y como el mundo termina siendo tan pequeñito, acabó confesándome que me conocía ya de vista por haberse topado conmigo en mi época de becaria en la biblioteca de la Universidad.

Lo que más disfruto de estos encuentros fortuitos que te regala a veces la vida es que eres capaz de comunicarte con mayor facilidad con una persona desconocida y hablar sobre temas que quizás a amigos no te atrevas a contarles por miedo a que te juzguen. Me confesó su único miedo. Yo le hablé de mis cosas, de mis sueños, de cómo me sentía en este momento de mi vida. Charlamos sobre la idea de vida reducida a pequeños momentos bonitos en los que disfrutar, al mero hecho de compartir, a cómo lo etiquetábamos todo, al terrible error de los conceptos...

Tras terminar mi turno de tarde, al ir a despedirme de mi compañero, ví que me entregaba un paquetito. Era un regalo que me habían dejado. Sorprendida, lo abrí y me encontré un librito precioso de poesía. En su portada a lápiz estaban escritas estas palabras... "Gracias Mar, por todo  lo que me has dado esta tarde, permite que te lo agradezca con este libro... "

Hoy soy yo la que te da a ti las gracias con esta pequeña entrada...

jueves, 16 de abril de 2015

Al otro lado...


Abro la ventana. Al instante, una ráfaga de viento me acaricia el rostro. Cierro los ojos y por primera vez en días siento que todo puede ser diferente. Mis sentidos se agudizan. Todo mi cuerpo responde a esa ilusoria y mágica palabra llamada "vida".

Como si mi espíritu se elevara, imagino con una sonrisa en la cara lo que podría estar ocurriendo al otro lado del mundo, donde  no me puede cobijar la soledad de este cuarto. Me vienen a la cabeza miles de escenarios felices; historias que pueden estar pasando en este mismo momento, sueños que se deben estar cumpliendo, risas, instantes de magnífica complicidad...

Mi cuerpo se inclina hasta ponerse de puntillas anticipándose a vivir  todo aquello que me deparará el día al otro lado de esta muralla. Aprieto fuerte los ojos e imagino... imagino sentir el sol en mi piel, tumbarme oyendo los sonidos que representan a mi alrededor que todo está en constante cambio y movimiento, observar las sonrisas en las caras de las personas con las que me cruzo, disfrutar de los segundos... necesito sentirme parte del mundo...

En un último segundo, abro por fin mis ojos volviendo a la realidad en un temerario acto de valentía.

La calle está desierta. Sólo el ruido ensordecedor de una moto que se aproxima en la distancia a una velocidad de vértigo termina aniquilando de golpe todas mis ilusiones perdidas, contaminando el ambiente enrarecido de un simple dia de inminente lluvia.

miércoles, 25 de marzo de 2015

Autoengaño...

Hace años que apenas como... sólo me alimento de líquido. El líquido corre por mi cuerpo famélico provocándome dolores que retuercen mis entrañas. Mi nombre no importa. Vivo en la calle Sierra, en Barcelona, reclutada en un cuarto tan pequeño como lo que ocupa a día de hoy mi escuálido cuerpo. Aquí, a pesar de todo... soy feliz.

Tengo a mi alrededor todo lo que me llena... libros, música, cartas... Nada me falta. 

Los libros descansan esparcidos por cada rincón del angosto cuarto, ocupando todos los recónditos lugares donde una vez existió un posible hueco. Algunos me los sé de memoria. Los he aprendido repitiéndome una y otra vez párrafos enteros mientras danzo y recorro la sencilla habitación con mis pies diminutos. A veces hasta los recito tarareando, me hace sentir parte de lo que leo.

La música también es esencial en mi vida. Sin ella sentiría que mis días no tienen ese ritmo crucial que deben poseer, según relatan las historias con las que me empapo en los libros. Depende del fragmento elegido, lo acompaño de un estilo u otro.

Pero mi bien más preciado son las cartas. Hace años que comparto correo postal con un chico de un lugar lejano. Espero ansiosa todos los días que deslicen bajo mi puerta ese papel con su ya venerada letra impresa. Mi corazón se vuelve ansioso, explota de alegría y temor. Tengo miedo que algún día pueda ser su último escrito.

Sus noticias me transforman...

El ritual siempre es el mismo... sostengo la carta entre mis manos el tiempo suficiente para poder tranquilizarme... no debe una leer la vida de otros en un estado de ansiedad, no está bien, no se comparte igual. En esos instantes mi mente divaga imaginándome lo que contienen esas líneas... su próximo viaje, la gente que ha conocido, sus historias del día a día que para mí son la luz de mis noches. Al rato la abro, me pongo de pie y con la carta en las manos selecciono una canción apropiada y la tarareo al ritmo de la música. Mi cuerpo débil se hace partícipe acompañando cada movimiento.

Sé que algún día acabará esta correspondencia... una no puede hacer esperar a otra persona tanto tiempo inventándose historias de viajes o trabajos para ir aludiendo un mes más el momento del encuentro. Las ideas se me van agotando... las suelo copiar de las narraciones de mis libros... En mis cartas mi vida es maravillosa, viajo a lugares insólitos, tengo un perro al que adoro, estoy siempre rodeada de amigos, tengo una casita en el campo con un huerto... ¿Cuánto tiempo se puede alargar una mentira de semejante calibre?

Ésta sin duda... más de lo esperado. Muy a mi pesar pronto tendré que consumarla, inventándome un final dramático... no puedo ya tirar de más excusas que suenan a enormes incoherencias y mentiras.

Soy consciente que esta situación se me ha escapado de las manos, supongo que imaginé que alguna vez sucedería. La solución a este problema y la manera de mitigarlo no la he encontrado en los libros que poseo... ¿cómo es posible que ninguna de tantas historias sea parecida a lo que me está pasando? Estoy nerviosa... mi amigo pretende venir a visitarme y conocerme. Debo acabar con ello lo antes posible. Lo único que me queda y persigo es que el recuerdo que mantenga de mí sea lo más bonito posible. Mejor finalizar algo a tiempo a que se expanda y explote...

Han pasado con hoy exactamente ya seis meses. Sus cartas empezaron a escasear, fui de una manera tan brutal consciente de cómo se alejaba de mí...

Cada vez su correspondencia fue espaciándose más y más en el tiempo. Fui culpable de toda esta situación. Aún conservo en mi memoria aquellas palabras que le dediqué en mi última carta para que desapareciera de mi vida. Me duelen como puñales rasgando mi piel todavía. 

Pronto amanecerá... la madrugada dará su paso a un nuevo día. 

Otra noche que no he podido conciliar el sueño...

Me autoengaño creyendo que vivo feliz, que pronto mi vida por arte de magia cambiará...

lunes, 23 de marzo de 2015

Decisiones...

Me siento bloqueada. Todo lo que llena en estos momentos mi cabeza son pensamientos inútiles. Ideas que van y vienen sin tregua arrasándolo todo. ¿Por qué será tan difícil tomar una decisión? Supongo que es porque no quiero ser de ese tipo de personas que la vida las arrastra a una determinada  dirección. Quiero ser "Yo" la que gobierne mi vida... y para eso sé que tengo que tomar una decisión.

Llevo días sin dormir, apenas pruebo bocado... Estoy deseando tener un hueco en el día para poder medir mis opciones, pero en cuanto me tumbo y me relajo, soy presa de una inquietud que inunda mi alma, que no me queda más remedio que levantarme y ponerme a hacer cosas.

Es curioso esto de tener varias opciones ante uno... lo que parece sencillo y fácil se vuelve complicado. Siempre me acuerdo en momentos como éste de uno de mis poetas favoritos, Benjamín Prado. "No hay mayor preso que el que duda ante dos puertas abiertas". Así me siento yo ahora mismo.

Hago un ejercicio de objetividad. Mi vida no va a ser ni más bonita ni más caótica porque elija una de mis dos posibilidades...tan sólo va a ser diferente. Esto me tranquiliza. Si tuviéramos que saber si nuestra existencia es como debiera ser o qué hubiera pasado conmigo si hubiera seguido ése otro camino que un día pude tomar, nos volveríamos locos.

Intento hacer una lista con los pros y contras... nada... resultado ambiguo... no se qué cantidad de peso tiene para mí lo positivo de cada opción. Sigo encerrada en la misma espiral de incertidumbre.

He preguntado a mis amigos y conocidos, pero ya se sabe... qué fácil es para los demás aconsejar sobre un hecho ajeno siempre que no nos toque a nosotros mismos el sufrirlo... así que elimino también esta posible solución.

En el fondo sé que la única que tiene que afrontar esto lleva mi nombre, mis apellidos y me mira en este instante desde el espejo del cuarto de baño con dos lagrimones que asustan.

Pero tengo algo a mi favor... que confío en mí misma. Sé que aunque haya momentos en que crea que todo se me va de las manos... voy a elegir bien. En realidad no es duro el hecho de tomar decisiones... lo peor es la incertidumbre de no saber qué hacer... si te estás equivocando. Por eso, sé que cuando esté preparada mentalmente para tomarla, no voy a permitirme mirar hacia atrás. Ése tan maligno "qué hubiera pasado si..." tiene que desaparecer bien lejos. Seguiré mi camino escogido, seré feliz con la opción tomada y meditada y se me abrirán puertas condicionadas por el camino que he visto justo tomar...



martes, 10 de marzo de 2015

Inercia...

Me miro en el espejo... no me reconozco...

Aquella chiquilla alegre y risueña dista mucho de parecerse al fantasma que me devuelve mi propio reflejo...

Surcos morados rodean enormes ojos... nariz de un color rosáceo... pómulos marcados... mirada evasiva, fría, distante... 

Me acerco con cuidado al gran ventanal de la cocina... como de costumbre no acierto a ver nada. Saco fuerzas de donde puedo y me pongo de puntillas para buscar la luna... Aparece medio escondida entre dos altos edificios... permanece allí solitaria, vigilándolo todo, pendiente de mi desastroso mundo...

Divago sobre los pensamientos...
cómo resultan difíciles de controlar.
Se construyen, toman vida propia y se difuminan a pasos agigantados.
Me recuerdo a mí misma por quinta vez hoy 
que necesito abandonar esta maldita tendencia mía a analizar... 
sé que terminará pasándome factura.

Me apoyo en el alféizar de la ventana mientras enciendo un cigarrillo...

Abajo la calle yace abandonada, sola, oscura...
no se escucha apenas nada... solo un leve sonido lejano...
estas horas de la madrugada son las que más me gustan
cuando el resto del mundo duerme y calla...

Entre todo este humo que en este instante me rodea
me gusta observar lo que pienso
como si de una simple ajena espectadora se tratara
miro funcionar mi mente con una nítida y temeraria voluntad propia...

Los pensamientos entran, salen, sin previo aviso...

Hay días que regresan tristes y encogidos...
otros vuelven altaneros, burlándose de mí
con una media sonrisa en los labios...

¿Sonreír?  tiene gracia... hace meses que no recuerdo lo que es eso...

Yo les pregunto, intento indagar sobre sus posibles cambios de humor
me embargo en una disputa socrática conmigo misma... y nada.

Siempre lo mismo...

Sólo consigo un enorme y terrorífico vacío...
una nada que se extiende... que me absorbe y me cala todos los malditos huesos...

Tan sólo alguna vez obtengo una vil respuesta
una dañina certeza de no llegar a ser nunca apta para entenderlos.

Hoy me vuelvo a sentir sola... a esta hora aún no han regresado.

Temo querer salir a buscarlos
porque intuyo el sitio donde se han podido entretener...
tengo miedo que su estancia se prolongue o que no pueda ser partícipe de su retorno.

Es curioso cómo sin ellos me siento hueca
incapaz, abatida, desorientada
pero al mismo tiempo y si se puede,
libre, tranquila
sin esa presión continua a la que me someten martilleando mis entrañas.

Sé que posiblemente han ido a buscarte
a que te des por fin cuenta que nada es lo que parece
que la vida es menos complicada de lo que pretendemos...

habrán ido a relatarte sus argumentos...
a intentar disminuir esa distancia que duele tanto, a derribar ese muro cada vez más alto...

pero se ve que a ti ya nada de esto te interesa...
y para mí hace mucho que dejó de tener el más mínimo sentido.

domingo, 8 de junio de 2014

Destino...

"Últimamente no vivo en el mundo real. Soy como una de esas marionetas bonitas pero insulsas que son dirigidas por unas manos ajenas que lo controlan todo. Cada uno de los movimientos, de los giros, de los traspiés que da el destino en mi vida... son el resultado de unos hilos invisibles que me dominan a su antojo".

Hace unos días iba yo sentada en un asiento del metro y escuché embelesada una conversación que mantenían dos hombres mayores que charlaban con una fascinante naturalidad. Lo primero que me llamó la atención fue que ninguno de ellos mostraba el menor atisbo de intentar quedar por encima del otro. Estaban enfrascados en una disputa dialéctica de una manera sencilla, cordial, digna de ser plagiada por más de un magnate de la política. Ambos se respetaban, sus actitudes eran moderadas, mostraban interés por defender sus propias teorías sin restarle por ello al contrario el mérito de que su punto de vista también podría ofrecerle perspectivas interesantes... Disertaban sobre el destino.

El destino es un constructo metafísico que ofrece miles de interpretaciones. Está ligado a la teoría de la causalidad. Nada existe por azar al igual que nada se crea de la nada. Todo tiene una causa y por tanto está predestinado a existir desde el momento en que la causa surgió. El destino guiaría así la vida humana. Pero claro... todo esto choca con el concepto de libertad humana.

No pude ni quise evitar escucharles, primero porque tengo tendencia a analizarlo todo y me encanta ese tema, y segundo, porque me gustó lo que transmitían.

Uno de ellos pensaba que tras analizar su vida, se había dado cuenta que no éramos el centro de nada, que el ser humano por mucha importancia que tenga, es empujado por una fuerza mayor que lo arrasa todo. Como consecuencia creemos que somos los artífices de nuestro propio camino y vivimos por ello una vida de engaños y falacias, ya que hagamos lo que hagamos y tomemos las decisiones que queramos, vamos a llegar a un mismo punto final. Para este viejecito, todo estaba escrito. Podíamos desviarnos de nuestro camino por un breve lapso de tiempo pero al final, lo que tenía que pasarnos estaba ahí y antes o después se ejecutaría sin nuestro permiso.

Ni que decir tiene que me entró una especie de angustia ante tales palabras que hice un esfuerzo por no meterme en la conversación. Confié en que el segundo viejecito le replicase y hablara por mí.

Mi ansiado tertuliano, tras digerir todo lo que había expuesto su gran amigo, comenzó a expresar su opinión. Habló de la importancia de la toma de decisiones, de cómo cada persona con sus aptitudes que toma ante la vida y ante los hechos que le acaecen, forma y crea su propio destino. Que la vida no es para los cobardes, sino para los valientes, para personas que aún teniendo miles de opciones ante ellos, se arriesgan y optan por una de ellas sabiendo que las restantes que dejan por el camino hubieran sido quizás mas acertadas y apropiadas para ellos, pero incluso así no se rinden y siguen persiguiendo lo que buscan. 

Yo, que al subir al metro iba enfrascada en uno de mis tantos líos mentales, tuve que dejar de recrearme en mis miedos para abrir mi mente a ese magnífico viejecito que me estaba proporcionando un subidón de adrenalina. 

Medité sobre la importancia y la fuerza de las palabras, en el poder que tienen según la seguridad de quien las exponga. Me llevé todo el resto del trayecto observándolos y me di cuenta que eran como el yin y el yang, que nada de esto era real, que no había que optar por uno u otro bando, que las personas solemos ser un conjunto de aquellos dos viejecitos juntos. Un día nos sentimos como el primero de ellos, arrastrados, sometidos por una fuerza mayor que nos empuja y sin ninguna responsabilidad que tomar, y otros días, somos como el segundo, valientes y obstinados en vivir la vida lo mejor que podamos, aunque haya miles de obstáculos ante nosotros.

Cuando por fin dejé de pensar y me volví para echarles el último vistazo a la pareja... ya se habían bajado.

Círculo obsesivo...

Una semana más de espera... un tiempo adicional para despejarme, para no pensar en nada, para ser dueña de mis días, de mis horas.

Un tiempo añadido para atrapar el reloj y no dejarlo avanzar... para recordarme que sólo yo soy la dueña de lo que me pasa, que no existe concepto ninguno de destino al que pueda culpar, no es más que una vaga apariencia... una absurda nimiedad.

Minutos acumulados, segundos regalados... hoy voy a volver a engañarme y creer que todo está como debiera.

Todo es una maldita suma de hechos y casualidades... nada es lo que parece, todo está en profundo cambio... excepto mis pasos que se pierden en este horrendo círculo.

Ecos de ayer que se repiten todo el tiempo... voces que creí seguras a mi lado han desaparecido... personas nuevas importantes que no comprendo dónde estuvieron antes.

Yo sólo avanzo dando vueltas... miro mis pies al hacerlo, son pequeños pero acordes a la estructura de mi cuerpo. Caminan encerrados en una coraza pero se les nota contentos. En veranos son más vistosos, envueltos en colores vivos. 

Ahora es invierno... no son fáciles de levantar por el peso de la lluvia que los empapa... avanzan lentos pero progresan... no se quejan...

Ya siento que es la hora, intento tomar impulso...

Eso es lo divertido de ser previsible, me digo, todos creen que voy a seguir siempre encerrada en la misma historia. 

Cuento para mí misma... a la de cinco sorprendo... uno dedicado a todos los sueños rotos... el dos va por los pasos seguros aunque tristes, el número tres por lo que dejé atrás, el cuatro por este aburrido círculo monótono que repite todo a su paso... y el cinco... por lo que me deparará esta nueva línea recta que tengo ante mí.