"Últimamente no vivo en el mundo real. Soy como una de esas marionetas bonitas pero insulsas que son dirigidas por unas manos ajenas que lo controlan todo. Cada uno de los movimientos, de los giros, de los traspiés que da el destino en mi vida... son el resultado de unos hilos invisibles que me dominan a su antojo".
Hace unos días iba yo sentada en un asiento del metro y escuché embelesada una conversación que mantenían dos hombres mayores que charlaban con una fascinante naturalidad. Lo primero que me llamó la atención fue que ninguno de ellos mostraba el menor atisbo de intentar quedar por encima del otro. Estaban enfrascados en una disputa dialéctica de una manera sencilla, cordial, digna de ser plagiada por más de un magnate de la política. Ambos se respetaban, sus actitudes eran moderadas, mostraban interés por defender sus propias teorías sin restarle por ello al contrario el mérito de que su punto de vista también podría ofrecerle perspectivas interesantes... Disertaban sobre el destino.
El destino es un constructo metafísico que ofrece miles de interpretaciones. Está ligado a la teoría de la causalidad. Nada existe por azar al igual que nada se crea de la nada. Todo tiene una causa y por tanto está predestinado a existir desde el momento en que la causa surgió. El destino guiaría así la vida humana. Pero claro... todo esto choca con el concepto de libertad humana.
No pude ni quise evitar escucharles, primero porque tengo tendencia a analizarlo todo y me encanta ese tema, y segundo, porque me gustó lo que transmitían.
Uno de ellos pensaba que tras analizar su vida, se había dado cuenta que no éramos el centro de nada, que el ser humano por mucha importancia que tenga, es empujado por una fuerza mayor que lo arrasa todo. Como consecuencia creemos que somos los artífices de nuestro propio camino y vivimos por ello una vida de engaños y falacias, ya que hagamos lo que hagamos y tomemos las decisiones que queramos, vamos a llegar a un mismo punto final. Para este viejecito, todo estaba escrito. Podíamos desviarnos de nuestro camino por un breve lapso de tiempo pero al final, lo que tenía que pasarnos estaba ahí y antes o después se ejecutaría sin nuestro permiso.
Ni que decir tiene que me entró una especie de angustia ante tales palabras que hice un esfuerzo por no meterme en la conversación. Confié en que el segundo viejecito le replicase y hablara por mí.
Mi ansiado tertuliano, tras digerir todo lo que había expuesto su gran amigo, comenzó a expresar su opinión. Habló de la importancia de la toma de decisiones, de cómo cada persona con sus aptitudes que toma ante la vida y ante los hechos que le acaecen, forma y crea su propio destino. Que la vida no es para los cobardes, sino para los valientes, para personas que aún teniendo miles de opciones ante ellos, se arriesgan y optan por una de ellas sabiendo que las restantes que dejan por el camino hubieran sido quizás mas acertadas y apropiadas para ellos, pero incluso así no se rinden y siguen persiguiendo lo que buscan.
Yo, que al subir al metro iba enfrascada en uno de mis tantos líos mentales, tuve que dejar de recrearme en mis miedos para abrir mi mente a ese magnífico viejecito que me estaba proporcionando un subidón de adrenalina.
Medité sobre la importancia y la fuerza de las palabras, en el poder que tienen según la seguridad de quien las exponga. Me llevé todo el resto del trayecto observándolos y me di cuenta que eran como el yin y el yang, que nada de esto era real, que no había que optar por uno u otro bando, que las personas solemos ser un conjunto de aquellos dos viejecitos juntos. Un día nos sentimos como el primero de ellos, arrastrados, sometidos por una fuerza mayor que nos empuja y sin ninguna responsabilidad que tomar, y otros días, somos como el segundo, valientes y obstinados en vivir la vida lo mejor que podamos, aunque haya miles de obstáculos ante nosotros.
Cuando por fin dejé de pensar y me volví para echarles el último vistazo a la pareja... ya se habían bajado.
domingo, 8 de junio de 2014
Círculo obsesivo...
Una semana más de espera... un tiempo adicional para despejarme, para no pensar en nada, para ser dueña de mis días, de mis horas.
Un tiempo añadido para atrapar el reloj y no dejarlo avanzar... para recordarme que sólo yo soy la dueña de lo que me pasa, que no existe concepto ninguno de destino al que pueda culpar, no es más que una vaga apariencia... una absurda nimiedad.
Minutos acumulados, segundos regalados... hoy voy a volver a engañarme y creer que todo está como debiera.
Todo es una maldita suma de hechos y casualidades... nada es lo que parece, todo está en profundo cambio... excepto mis pasos que se pierden en este horrendo círculo.
Ecos de ayer que se repiten todo el tiempo... voces que creí seguras a mi lado han desaparecido... personas nuevas importantes que no comprendo dónde estuvieron antes.
Yo sólo avanzo dando vueltas... miro mis pies al hacerlo, son pequeños pero acordes a la estructura de mi cuerpo. Caminan encerrados en una coraza pero se les nota contentos. En veranos son más vistosos, envueltos en colores vivos.
Ahora es invierno... no son fáciles de levantar por el peso de la lluvia que los empapa... avanzan lentos pero progresan... no se quejan...
Ya siento que es la hora, intento tomar impulso...
Eso es lo divertido de ser previsible, me digo, todos creen que voy a seguir siempre encerrada en la misma historia.
Cuento para mí misma... a la de cinco sorprendo... uno dedicado a todos los sueños rotos... el dos va por los pasos seguros aunque tristes, el número tres por lo que dejé atrás, el cuatro por este aburrido círculo monótono que repite todo a su paso... y el cinco... por lo que me deparará esta nueva línea recta que tengo ante mí.
Un tiempo añadido para atrapar el reloj y no dejarlo avanzar... para recordarme que sólo yo soy la dueña de lo que me pasa, que no existe concepto ninguno de destino al que pueda culpar, no es más que una vaga apariencia... una absurda nimiedad.
Minutos acumulados, segundos regalados... hoy voy a volver a engañarme y creer que todo está como debiera.
Todo es una maldita suma de hechos y casualidades... nada es lo que parece, todo está en profundo cambio... excepto mis pasos que se pierden en este horrendo círculo.
Ecos de ayer que se repiten todo el tiempo... voces que creí seguras a mi lado han desaparecido... personas nuevas importantes que no comprendo dónde estuvieron antes.
Yo sólo avanzo dando vueltas... miro mis pies al hacerlo, son pequeños pero acordes a la estructura de mi cuerpo. Caminan encerrados en una coraza pero se les nota contentos. En veranos son más vistosos, envueltos en colores vivos.
Ahora es invierno... no son fáciles de levantar por el peso de la lluvia que los empapa... avanzan lentos pero progresan... no se quejan...
Ya siento que es la hora, intento tomar impulso...
Eso es lo divertido de ser previsible, me digo, todos creen que voy a seguir siempre encerrada en la misma historia.
Cuento para mí misma... a la de cinco sorprendo... uno dedicado a todos los sueños rotos... el dos va por los pasos seguros aunque tristes, el número tres por lo que dejé atrás, el cuatro por este aburrido círculo monótono que repite todo a su paso... y el cinco... por lo que me deparará esta nueva línea recta que tengo ante mí.
martes, 17 de diciembre de 2013
Encuentros...
Pongamos que su nombre es Iván y que la vida quiso que coincidiéramos en una librería.
Iván es un chico maravilloso de facciones delicadas, acento del norte, expresivo, culto, con ganas de exponerme sus ideas.
Concibe la vida como desengaño, insatisfacción... se enfrenta a las situaciones como un hombre solo, con una carga emocional constante. Su punto de mira está centrado en el pasado...vive sumergido en su memoria, siendo el ayer lo que más le motiva. Un pasado lejano en su día triste e igual de cruel que su presente, pero que visto con la perspectiva que otorga el tiempo, se le antoja un pretérito feliz y añorado. Ese pasado se convierte en lugar de recogimiento donde proyectarse cada vez que el instante presente se le muestra vacío y sin ilusión. Sólo el recuerdo de su infancia parece que le hace sonreír, cuando los problemas eran cuentos chinos que sólo le afectaban a todos menos a uno, cuando la ausencia de ellos era el síntoma de la completa felicidad. Una época sin responsabilidades, sin la conciencia tan aterradora que cae sobre uno mismo del fluir del tiempo...
En esa fase dichosa remota todo estaba por venir, sus sueños eran sus referentes, se agarraba a cosas milagrosas que tenían que llegarle algún día... porque así lo decían sus padres, sus amigos. "Todos seremos alguien". Todo lo bonito estaba en algún lugar de cierta esquina listo para ser del primero que luchara por ello. Tenía ilusión, esperanza... Le quedaba toda la vida por delante para pensar en ello. Ese momento no era para preocuparse por nada, era solamente para disfrutar.
Iván asemeja la juventud con la alegría y la vejez con la desesperación más absoluta. La existencia sólo es ese enemigo que de su mano nos va acercando cada día más a la temida madurez y a todo lo que desencadena ser una persona adulta. Ya de la madurez a la vejez hay un solo paso. De ahí que el futuro para él sea gris, anodino, sombrío. Sólo le trae a la mente aflicción... desconsuelo por ya no ser un niño, por estar cada vez más cerca de la muerte...
Se empeña en disfrutar del momento presente porque huye mentalmente del concepto de mañana. Se niega a pensar en que habrá un porvenir... ¿para qué? ¿para quién?. Absorbe cada minuto de su tiempo en ese presente que le guste más o menos, es lo único seguro que tiene.
Horas después en mi casa pienso en Iván, en nuestro encuentro, en su conversación. Pienso en todas las cosas que no le he dicho y que le pienso decir en ese "futuro" que él tanto aborrece. Le diré que él y yo no somos en el fondo tan diferentes. Que igual que él se pierde demasiado en la alegría del pasado y en el temor ante un futuro incierto, yo vivo sin absorber cada gota al presente. Le propondré que entre él y yo podemos crear algo bueno... que con su felicidad de años pasados y con mi alegría porque todo sea mejor... no habrá situación que se nos resista. Le contaré que mezclando su sensación de experimentar ser una persona mayor y mi creencia de que aún soy una niña... podemos obtener la persona equilibrada y perfecta. Le pediré que no sufra por lo que ya se fue o por lo que nos deparará la vida, porque el futuro llegará un día que será nuestro presente y él lidia bien con esos instantes actuales.
Quiero registrar aquí sus palabras de despedida..."Si mañana me ves por ahí y notas que no soy el mismo, por favor M. no te sientas mal ni te lo tomes como algo personal... será culpa del devenir del tiempo que a todos nos cambia y nos hace otros, y mi "yo" actual ya nunca será el mismo "yo" que has conocido".
Tras escucharlo, le sonreí mientras miraba los libros que había comprado. Uno era de Karmelo Iribarren, el último de Roger Wolfe y de Palahniuk.
Tras escucharlo, le sonreí mientras miraba los libros que había comprado. Uno era de Karmelo Iribarren, el último de Roger Wolfe y de Palahniuk.
viernes, 22 de noviembre de 2013
Damon...
Damon se sentía solo. Tras la ventana de su angosta habitación sólo se vislumbraban personajes extraños sacados de una película de terror. Sus grandes ojos perseguían cada figura del escenario de su propia calle. Afuera llovía. Las figuran pasaban sin titubeos, como temerosas de que ese agua que les caía de repente encima, les fuera hacer algún daño. Damon de puntillas tras su ventana intentaba ver alguno de esos rostros. Pero esto era muy difícil. Pasaban como fantasmas delante de él, lo único que captaba eran sombreros, paraguas, abrigos de cuello alto que hacían que esos posibles rostros no existieran.
Damon quería salir, correr tras ellos y gritarles que no se asustasen, que el agua era buena para el alma. Su madre no paraba de repetirle que ese líquido puro ayudaba a aliviar las penas. Le repetía la historia de una muchacha que vivía en el campo a la que le encantaban los paseos matutinos bajo una espesa lluvia. Pero Damon pensaba que aquí en la ciudad todo era diferente. Él como espectador veía cómo el agua arrasaba todo a su paso... las figuras desaparecían al instante y a causa de esto, la calle se estaba quedando prácticamente vacía.
Vacío como él. Damon no era un niño corriente. Sus conocidos le explicaban que era un ser maravilloso pero a él esto no le encajaba con la triste sensación de vacío que siempre le atormentaba.
Pero hoy estaba decidido a que su suerte cambiara. Hoy se iba a armar de valentía e iba a hacer algo que le marcaría para siempre. Se proponía demostrarles a todos que no era el chico delicado y asustadizo al que tenían que cuidar. Él en su soledad había leído mucho, su mente se había llenado de historias fabulosas donde la figura de un niño de su edad era el protagonista. Un protagonista inmune al dolor. Su madre se pasaba el día llenándole la cabeza de historias donde siempre había un final feliz. Y todos esos relatos ocurrían tras esos temidos cristales. De ahí que él quisiera forjarse su propia historia.
Así que sin más, cogió su gran mochila, tomó aire y se precipitó sin más preámbulos directo a la oscuridad de la calle...
La suerte que tuvo Damon no fue del todo afortunada... Los pocos y últimos que vieron a un chico pequeño con grandes ojos vagar feliz bajo la lluvia, comentaron que iba cantando y dando saltos... pero nadie jamás lo encontró. Eso sí... logró crear al final su propia historia.
Su tío que era escritor le dedicó un libro de cuentos donde él era el único protagonista... un niño, al que según su tío, para alertar a otros chicos, igual que se le inculcó el valor de las aventuras, del mismo modo se le tendría que haber enseñado la maldad y el peligro.
Damon quería salir, correr tras ellos y gritarles que no se asustasen, que el agua era buena para el alma. Su madre no paraba de repetirle que ese líquido puro ayudaba a aliviar las penas. Le repetía la historia de una muchacha que vivía en el campo a la que le encantaban los paseos matutinos bajo una espesa lluvia. Pero Damon pensaba que aquí en la ciudad todo era diferente. Él como espectador veía cómo el agua arrasaba todo a su paso... las figuras desaparecían al instante y a causa de esto, la calle se estaba quedando prácticamente vacía.
Vacío como él. Damon no era un niño corriente. Sus conocidos le explicaban que era un ser maravilloso pero a él esto no le encajaba con la triste sensación de vacío que siempre le atormentaba.
Pero hoy estaba decidido a que su suerte cambiara. Hoy se iba a armar de valentía e iba a hacer algo que le marcaría para siempre. Se proponía demostrarles a todos que no era el chico delicado y asustadizo al que tenían que cuidar. Él en su soledad había leído mucho, su mente se había llenado de historias fabulosas donde la figura de un niño de su edad era el protagonista. Un protagonista inmune al dolor. Su madre se pasaba el día llenándole la cabeza de historias donde siempre había un final feliz. Y todos esos relatos ocurrían tras esos temidos cristales. De ahí que él quisiera forjarse su propia historia.
Así que sin más, cogió su gran mochila, tomó aire y se precipitó sin más preámbulos directo a la oscuridad de la calle...
La suerte que tuvo Damon no fue del todo afortunada... Los pocos y últimos que vieron a un chico pequeño con grandes ojos vagar feliz bajo la lluvia, comentaron que iba cantando y dando saltos... pero nadie jamás lo encontró. Eso sí... logró crear al final su propia historia.
Su tío que era escritor le dedicó un libro de cuentos donde él era el único protagonista... un niño, al que según su tío, para alertar a otros chicos, igual que se le inculcó el valor de las aventuras, del mismo modo se le tendría que haber enseñado la maldad y el peligro.
miércoles, 16 de octubre de 2013
Escribir...
Él me preguntó... ¿por qué escribes? ¿para qué? ¿para quién?
Me quedé un rato callada. Al ver mi mirada ausente, y aprovechándose de ese momento mío de confusión, empezó a soltar un discurso sobre las personas que escribían a través de los blogs.
Ese día no le contesté absolutamente nada...
Escribir para mí es poder darle un sentido a las cosas. Cuando algo se me cruza por la cabeza varias veces al día, sé que voy a terminar expresándolo... debo sacarlo fuera de mí, plasmarlo en un trozo de papel. Sólo de este modo se puede tomar una cierta perspectiva, situarte ante el problema de manera objetiva y tratar de darle un enfoque correcto. No encuentro otra forma. Todo así va fluyendo, me ayuda a lograr saber lo que hay que hacer. Le doy sentido a lo que pasa pudiendo tomar una decisión y pasar página.
Escribir es eliminar cualquier tipo de frontera en la vida.
Escribir es sumergirme en una experiencia en la que sigo siendo yo misma pero con otras cualidades. Soy lo que quiero ser, reflejo todas mis virtudes y debilito mis defectos. Cuando me siento a escribir no existen palabras como límites, fronteras, imposible, lejano o difícil. Todo es posible dentro de una historia.
Escribir es una forma de poder evadirnos de la realidad, olvidarnos de quiénes somos.
Escribir es atreverte a darle carpetazo a nuestros miedos y complejos. Estos se disuelven en el texto, quedan encerrados entre dos puntos de un mismo párrafo.
Escribir es una de las maneras que tenemos para poder mirarnos realmente a la cara, para ver lo que somos. Es como una mirada sincera de frente en un espejo de un cuartito pequeño y acogedor. Se nos revela todo, cuerpo y esencia.. máscara y sustancia.
Escribir para poder recordar, para que nos recuerden, para que no nos olviden, para que permanezcamos en el recuerdo de quien quiera que nos lea. Escribir para compartir nuestros recuerdos, para que dejen de ser sólo nuestros y extrapolarlos a mentes ajenas.
Escribir es reinventarse. No quedarse nunca paralizado, ir dando pasitos poco a poco hasta llegar a la meta deseada. Es, en cada nuevo texto, obtener una personalidad distinta... pasar de ser por un día algo que amamos a algo que aborrecemos.
Escribir es lo que te da la fuerza necesaria para arrollar todo lo malo, para acabar con todo lo que no te gusta, para dejar a un lado los fantasmas, miedos y aprensiones.
Escribir es hacerse fuerte, es dejar a un lado por un minuto la cobardía y atreverte con todo. Es echarle coraje a la vida. Es como el único sustento con el que cuentas para agarrarte en una noche fría de invierno.
Escribir tiene el poder de vencer al tiempo, de detenerlo. Tiene poderes curativos de evasión cuando más triste te sientes. Es un arma letal contra el aburrimiento, contra la soledad, contra el desánimo... contra todo lo que en esta vida no merece la pena dedicarle ni dos segundos de nuestro tiempo.
Y sobre todo... escribir es mi puente para acercarte, para que sepas lo que siento, lo que me pasa por la cabeza. Es un modo tan lícito como otro cualquiera de captar tu atención, de que me leas, de que pienses en lo que digo. Es en ocasiones la forma más divertida con la que cuento de enredarte en mis disparates, en mis locuras, en mis sinsentidos.
Ya sabes mi respuesta... escribir es todo esto.
Me quedé un rato callada. Al ver mi mirada ausente, y aprovechándose de ese momento mío de confusión, empezó a soltar un discurso sobre las personas que escribían a través de los blogs.
Ese día no le contesté absolutamente nada...
Escribir para mí es poder darle un sentido a las cosas. Cuando algo se me cruza por la cabeza varias veces al día, sé que voy a terminar expresándolo... debo sacarlo fuera de mí, plasmarlo en un trozo de papel. Sólo de este modo se puede tomar una cierta perspectiva, situarte ante el problema de manera objetiva y tratar de darle un enfoque correcto. No encuentro otra forma. Todo así va fluyendo, me ayuda a lograr saber lo que hay que hacer. Le doy sentido a lo que pasa pudiendo tomar una decisión y pasar página.
Escribir es eliminar cualquier tipo de frontera en la vida.
Escribir es sumergirme en una experiencia en la que sigo siendo yo misma pero con otras cualidades. Soy lo que quiero ser, reflejo todas mis virtudes y debilito mis defectos. Cuando me siento a escribir no existen palabras como límites, fronteras, imposible, lejano o difícil. Todo es posible dentro de una historia.
Escribir es una forma de poder evadirnos de la realidad, olvidarnos de quiénes somos.
Escribir es atreverte a darle carpetazo a nuestros miedos y complejos. Estos se disuelven en el texto, quedan encerrados entre dos puntos de un mismo párrafo.
Escribir es una de las maneras que tenemos para poder mirarnos realmente a la cara, para ver lo que somos. Es como una mirada sincera de frente en un espejo de un cuartito pequeño y acogedor. Se nos revela todo, cuerpo y esencia.. máscara y sustancia.
Escribir para poder recordar, para que nos recuerden, para que no nos olviden, para que permanezcamos en el recuerdo de quien quiera que nos lea. Escribir para compartir nuestros recuerdos, para que dejen de ser sólo nuestros y extrapolarlos a mentes ajenas.
Escribir es reinventarse. No quedarse nunca paralizado, ir dando pasitos poco a poco hasta llegar a la meta deseada. Es, en cada nuevo texto, obtener una personalidad distinta... pasar de ser por un día algo que amamos a algo que aborrecemos.
Escribir es lo que te da la fuerza necesaria para arrollar todo lo malo, para acabar con todo lo que no te gusta, para dejar a un lado los fantasmas, miedos y aprensiones.
Escribir es hacerse fuerte, es dejar a un lado por un minuto la cobardía y atreverte con todo. Es echarle coraje a la vida. Es como el único sustento con el que cuentas para agarrarte en una noche fría de invierno.
Escribir tiene el poder de vencer al tiempo, de detenerlo. Tiene poderes curativos de evasión cuando más triste te sientes. Es un arma letal contra el aburrimiento, contra la soledad, contra el desánimo... contra todo lo que en esta vida no merece la pena dedicarle ni dos segundos de nuestro tiempo.
Y sobre todo... escribir es mi puente para acercarte, para que sepas lo que siento, lo que me pasa por la cabeza. Es un modo tan lícito como otro cualquiera de captar tu atención, de que me leas, de que pienses en lo que digo. Es en ocasiones la forma más divertida con la que cuento de enredarte en mis disparates, en mis locuras, en mis sinsentidos.
Ya sabes mi respuesta... escribir es todo esto.
miércoles, 2 de octubre de 2013
Día raro...
Caminas despacito con la cabeza cabizbaja.
En realidad no hay nada que te interese más allá de esa altura. Te da pena levantar la mirada y ver tantos rostros grises e idénticos que no te dicen nada. Hoy no tienes fuerzas ni para eso.
Prefieres mantenerla a ras del suelo. Aquí todo aunque anodino es más gratificante.
Miras tus propios pies mientras recorres a grandes zancadas la distancia existente entre tu casa y el trabajo. Son los dos únicos sitios en los que te sientes tú misma. Es curioso- te dices- la manera que tienes de caminar. Te fijas en los distintos zapatos que lleva la gente con la que te cruzas... algunos con los que te has chocado. Has soltado un leve disculpa y ni siquiera has mirado. Son modelos variados, de distintos colores y modalidades. Unos y otros reflejan una leve pesquisa de lo que podría ser la personalidad del que los dirige. Unos pasan por tu lado pisando fuerte, decididos, directos a su destino. Otros, en cambio, lo hacen dubitativos, sin paso firme, parecen como si temieran pisar muy fuerte y hacerse daño.
Este pensamiento te hace meditar sobre la vida. Sobre todo lo que has pasado, lo que eres y serás muy pronto.
Hoy es un día desesperante. Parece que nunca has caminado tan deprisa, y sin embargo, tu destino nunca llega. Te sientes como si hubieran depositado en las plantas de tus zapatos unas plantillas de acero. Te cuesta dar los pasos.
Como si todo lo anterior no fuera suficiente... empieza a caer una fina lluvia. Te gusta la lluvia y notas cómo el resto de la gente se aleja o va desapareciendo de tu campo visual hasta caminar completamente sola. A ti no te preocupa esto.
Por breves momentos te permites cerrar los ojos y que los sonidos conocidos te guíen. Te sientes cómoda aunque pronto te das cuenta que esto es ilusorio.
El agua resbala por tu pelo hasta llegar a tu cara. Poco a poco tu ropa se va haciendo cada vez más pesada.
Hoy puede ser un día corriente para cualquier persona del planeta... en cambio para ti no es así.
Hoy es un día en el que miles de personas corren despavoridas hacia sus casas o hacia algún recóndito cobijo para resguardarse de la lluvia... y tú, tan solo tú... te has quedado parada en medio de una acera, con la mirada perdida en el suelo.
En realidad no hay nada que te interese más allá de esa altura. Te da pena levantar la mirada y ver tantos rostros grises e idénticos que no te dicen nada. Hoy no tienes fuerzas ni para eso.
Prefieres mantenerla a ras del suelo. Aquí todo aunque anodino es más gratificante.
Miras tus propios pies mientras recorres a grandes zancadas la distancia existente entre tu casa y el trabajo. Son los dos únicos sitios en los que te sientes tú misma. Es curioso- te dices- la manera que tienes de caminar. Te fijas en los distintos zapatos que lleva la gente con la que te cruzas... algunos con los que te has chocado. Has soltado un leve disculpa y ni siquiera has mirado. Son modelos variados, de distintos colores y modalidades. Unos y otros reflejan una leve pesquisa de lo que podría ser la personalidad del que los dirige. Unos pasan por tu lado pisando fuerte, decididos, directos a su destino. Otros, en cambio, lo hacen dubitativos, sin paso firme, parecen como si temieran pisar muy fuerte y hacerse daño.
Este pensamiento te hace meditar sobre la vida. Sobre todo lo que has pasado, lo que eres y serás muy pronto.
Hoy es un día desesperante. Parece que nunca has caminado tan deprisa, y sin embargo, tu destino nunca llega. Te sientes como si hubieran depositado en las plantas de tus zapatos unas plantillas de acero. Te cuesta dar los pasos.
Como si todo lo anterior no fuera suficiente... empieza a caer una fina lluvia. Te gusta la lluvia y notas cómo el resto de la gente se aleja o va desapareciendo de tu campo visual hasta caminar completamente sola. A ti no te preocupa esto.
Por breves momentos te permites cerrar los ojos y que los sonidos conocidos te guíen. Te sientes cómoda aunque pronto te das cuenta que esto es ilusorio.
El agua resbala por tu pelo hasta llegar a tu cara. Poco a poco tu ropa se va haciendo cada vez más pesada.
Hoy puede ser un día corriente para cualquier persona del planeta... en cambio para ti no es así.
Hoy es un día en el que miles de personas corren despavoridas hacia sus casas o hacia algún recóndito cobijo para resguardarse de la lluvia... y tú, tan solo tú... te has quedado parada en medio de una acera, con la mirada perdida en el suelo.
martes, 1 de octubre de 2013
Cuando me siento sola...
Cuando me siento sola...
este cuarto parece diferente
me vuelvo pequeñita, cualquier leve ruido me asusta.
Cuando me siento sola...
me da por examinarlo todo
mi mente estalla en mil ideas, contradictorias y confusas.
Cuando me siento sola...
me entra la dichosa nostalgia
olas de confusión expandiéndose por mi cabeza.
Cuando me siento sola...
rememoro conversaciones absurdas
cosas que nunca te dije, o cosas que debí callarme.
Cuando me siento sola...
no hay quien me soporte
termino por revolverlo todo, no tengo piedad de nadie.
Cuando me siento sola...
soy la niña que siempre amaste
indefensa y asustada, rebelde y contestona.
Cuando me siento sola...
me siento capaz de ser la dueña del mundo
me da por ordenarlo todo, cambiar las cosas de sitio.
Cuando me siento sola...
le cambio el nombre a las cosas
doy nuevas definiciones, me creo una nueva existencia.
Cuando me siento sola...
oleadas de pánico me embargan
escribo poemas a la soledad, sufro delirio por lo que pudo haber sido.
Cuando me siento sola...
la lluvia se torna más dura
son bandadas de cuchillos, que acribillan mi cabeza.
Cuando me siento sola...
el sonido del exterior me molesta
me acurruco en una esquina, me gustaría ir desapareciendo.
Cuando me siento sola...
el ser y el no ser caminan de la mano
espacio y tiempo me atrapan, nada parece que conecta.
Cuando me siento sola...
me observo en el espejo del baño
me gustaría ser más alta, llegar en dos zancadas a tu casa.
Cuando me siento sola...
devoro maravillosos libros
reteniendo en mi memoria, líneas que expulsaré en su momento.
Cuando me siento sola...
me pongo a bailar muy despacito
acurrucando mi cuerpo, pero sintiéndolo muy lejano.
Cuando me siento sola...
digo con fuerza tu nombre
para que allí donde estés, te llegue el eco de mis gritos.
este cuarto parece diferente
me vuelvo pequeñita, cualquier leve ruido me asusta.
Cuando me siento sola...
me da por examinarlo todo
mi mente estalla en mil ideas, contradictorias y confusas.
Cuando me siento sola...
me entra la dichosa nostalgia
olas de confusión expandiéndose por mi cabeza.
Cuando me siento sola...
rememoro conversaciones absurdas
cosas que nunca te dije, o cosas que debí callarme.
Cuando me siento sola...
no hay quien me soporte
termino por revolverlo todo, no tengo piedad de nadie.
Cuando me siento sola...
soy la niña que siempre amaste
indefensa y asustada, rebelde y contestona.
Cuando me siento sola...
me siento capaz de ser la dueña del mundo
me da por ordenarlo todo, cambiar las cosas de sitio.
Cuando me siento sola...
le cambio el nombre a las cosas
doy nuevas definiciones, me creo una nueva existencia.
Cuando me siento sola...
oleadas de pánico me embargan
escribo poemas a la soledad, sufro delirio por lo que pudo haber sido.
Cuando me siento sola...
la lluvia se torna más dura
son bandadas de cuchillos, que acribillan mi cabeza.
Cuando me siento sola...
el sonido del exterior me molesta
me acurruco en una esquina, me gustaría ir desapareciendo.
Cuando me siento sola...
el ser y el no ser caminan de la mano
espacio y tiempo me atrapan, nada parece que conecta.
Cuando me siento sola...
me observo en el espejo del baño
me gustaría ser más alta, llegar en dos zancadas a tu casa.
Cuando me siento sola...
devoro maravillosos libros
reteniendo en mi memoria, líneas que expulsaré en su momento.
Cuando me siento sola...
me pongo a bailar muy despacito
acurrucando mi cuerpo, pero sintiéndolo muy lejano.
Cuando me siento sola...
digo con fuerza tu nombre
para que allí donde estés, te llegue el eco de mis gritos.
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